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Cerrogallina, la expresión de una parcela única

La historia de Cerrogallina se remonta a casi 100 años, cuando comenzaron a brotar los primeros racimos de una parcela de viña de Bobal en las inmediaciones de la pedanía requenense de Campo Arcís, a los pies del cerro Gallina. Durante muchos años, esas cepas fueron el sustento para algunas de las familias que moraban la aldea, hasta que, recién estrenado el siglo XXI Santigo Vernia decidió cumplir su sueño y extraer toda la esencia de uno de los mejores viñedos de la zona. Para entonces, esas cepas ya se habían acostumbrado a sufrir los rigores del clima de la zona… noches gélidas, escasas lluvias, altas temperaturas en verano… las vides de la parcela de Cerro Gallina habían aprendido a sobreponerse a las inclemencias y a dar cada año unas uvas únicas con las que Vernia decidió lanzarse a crear un tinto capaz de vencer al tiempo.

Con las sabias manos de Carlos y Raquel, viticultores y bodegueros, y el asesoramiento técnico del reputado enólogo José Hidalgo, Santiago vio cumplirse su sueño con la primera añada (de la cosecha de 2008) de Cerrogallina, un tinto de Bobal muy expresivo que mantiene toda su carga frutal pese a los dieciocho meses de crianza en barrica de roble que inciden positivamente en su estructura y complejidad.

Cerrogallina irrumpió en el mercado con solvencia. La primera añada se agotó meses antes de que la siguiente añada estuviese lista para su consumo. El vino pronto se convirtió en objeto de deseo para los amantes del vino y la Bobal encontró así a uno de sus más influyentes embajadores en el complicado mundo del vino.

Ocho añadas después, el vino de Santiago Vernia es toda una referencia de la zona. Con la de 2015, la bodega ha confirmado su buen hacer, evidenciando que el éxito inicial no ha sido flor de un día, y que año tras año el vino sigue mejorando sus cualidades y ganando en bouquet.

Durante todos estos años, la bodega se ha mantenido fiel a su espíritu inicial: elaborar un tinto que defina una uva, un terruño y una manera de entender el vino basada en una viticultura de precisión en la vieja parcela del Cerrogallina, donde un singular viñedo de Bobal de ínfima producción —apenas un kilo de uva por cepa— con casi un siglo de vida ha sabido sobreponerse a las adversidades en ocho hectáreas de terreno pobre en materia orgánica pero muy diverso en su tipología, factor que tiene una incidencia directa en el resultado final.

Además del tinto de Bobal, desde hace unas campañas la bodega también elabora un monovarietal de Pinot Noir. Las viñas se plantaron en 2008 y es ahora cuando se encuentran en su mejor momento. Cerrogallina Pinot Noir es un vino de limitadísima producción (poco más de cuatro mil botellas) sutil y delicado, de color rojo cereza abierto de capa y aromas de fruta roja, notas balsámicas y matices especiados propios de sus ocho meses de crianza en barrica de roble.

Lo mejor de la historia de Cerro Gallina todavía está por llegar. Año tras año las cepas de Bobal siguen dando unos frutos únicos, y en bodega la calma y el sosiego inciden en un proceso mágico que cada campaña traslada a cada botella la expresión de un viñedo único.

Vinos de la bodega

Cerrogallina Bobal

Cerrogallina Bobal

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Cerrogallina Pinot Noir

Cerrogallina Pinot Noir

 Cerrogallina Pinot Noir A diferencia de la Bobal, la Pinot Noir es una uva extremadamente sensible a los cambios meteorológicos, por lo que tanto en el viñedo como en bodega, el proceso es antagónico al que se lleva a cabo con su homónimo de Bobal....

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