Hemos vivido con la falsa creencia de que el bipartidismo era el único sistema posible; un sistema sustentando más en el conformismo y en la comodidad que en una manera efectiva, seria y responsable de hacer política.

Esta alternancia de dos partidos, sin embargo, no estaba presente en el renacimiento de nuestra democracia. Es paradójico, pero hace 40 años existía mayor pluralidad política que hace 15. Fue el devenir de los acontecimientos lo que nos hizo asentarnos en el maniqueísmo del bipartidismo, para goce del PP y del PSOE, lo que polarizó la política.

Ahora, las nuevas fuerzas han removido los cimientos del sistema. El bipartidismo se ha desmoronado y han entrado en acción otros partidos que ocupan espacios que habían sido abandonados. Es el caso de Ciudadanos (Cs), que ha recuperado y ha reivindicado un espectro fundamental: el centro.

No somos un partido «de paso». Hemos desmantelado el bipartidismo para quedarnos y para contribuir a una democracia más plural, más dinámica y más justa. El parlamentarismo, el debate y la escucha están ahora en el centro. Focalizarnos en todo aquello que nos une dentro del marco constitucionalista no es una opción, sino una obligación. Es la oportunidad de devolver la ilusión a una población desmotivada por ese relevo político que ha dejado una sucia sombra de corrupción a sus espaldas. Es el momento de demostrar que otra política es posible.

Porque la pluralidad de opinión y de ideología, siempre respaldada por la Constitución, sólo puede traer beneficios para el desarrollo de nuestro país. Por todo ello, que el bipartidismo descanse en paz. Larga vida a la pluralidad política.