L a celebración de los 40 años de Prensa Ibérica, el grupo editorial en el que se integra esta cabecera, estimula los recuerdos de los que en el mismo desarrollan o han desarrollado su recorrido profesional para exprimir de su capacidad memorística testimonios retrospectivos del historial de esta casa y, al mismo tiempo, la cifra, en sí misma, de estas cuatro décadas provoca en algunos de nosotros la incisión reflexiva acerca de este negocio y de nuestro oficio tal y cómo se encuentra ahora, cómo fue antes y cómo avizoramos que  será.

En esas estábamos cuando hace unos días se publicaban unas declaraciones de William Randolph Hearst III, un auténtico «pata negra» del poderoso periodismo norteamericano, nieto, además, del editor en cuya historia (y, al parecer, la de otros más) se inspirara el genio de Orson Welles para filmar aquella joya imperecedera que fue Ciudadano Kane que, desde su realización, en 1941, se convirtió en  película de culto, singularmente para aquellos que habitamos el universo periodístico.

Las reflexiones de Hearts III, que aún mantiene buena parte del imperio mediático heredado, ejercen una lógica atracción para quienes surcan los mares de la prensa regional o local. Sostiene Hearst que «los periódicos tienen que convertirse en los depositarios de la información regional de una comunidad pues, frente a los grandes diarios estatales ( se refiere, claro, a los EE UU) tu oportunidad está en la cobertura local». Ahí se diferencian de Google o Facebook, porque «Google no va a contratar a un crítico de teatro en San Francisco y Facebook no va a enviar un reportero al Ayuntamiento». Y añade: «Es ahí donde la prensa local tiene su oportunidad, en la producción de contenidos únicos para unos lectores que se sienten parte de un club». No le escandaliza al editor norteamericano la revolución alumbrada por la aparición del fenómeno internet, ya que, «el negocio de los medios ha pasado por un cataclismo cada cierto tiempo» y concluye con la consideración de que la prensa, desposeída de parte de su poder, ha de buscar su verdadero Rosebud actualizado que no es otra cosa que estar en el negocio de los periódicos porque «lo amas, porque crees en él».

La libertad y el rigor nos distancian del confuso torrente de las redes sociales

Me parece realmente sugerente la reflexión de este Ciudadano Kane III por venir de donde viene, en estos momentos de confluencia orbital entre las naves de la prensa escrita y la digital, convencidos, como estamos, de que los dos módulos de la nave encajan en una armonía  conseguida tras trabajar seriamente en superar las fases exploratorias inevitables en cada nuevo proceso. Hoy, nuestros periódicos son un producto unitario expresado en diversas plataformas que se ofrecen, a diario, a los lectores que, en cada periódico, «se sienten, como dice ‘el amigo americano’ parte de un club». Y para un grupo editorial, con quince diarios repartidos por toda España, como Prensa Ibérica, apreciamos como un simbólico «espaldarazo» la contundente e inconfundible apuesta de Hearst por la prensa local y regional porque ese es nuestro territorio editorial desde hace ya cuarenta años. Nuestas credenciales en la dedicación a la prensa de proximidad son, sin duda, bien elocuentes y constatables.

Levante-EMV se incorporó a Prensa Ibérica hace ya 34 años y, desde entonces, ha protagonizado la etapa más brillante de su historia (una historia que se ensanchó en lo temporal con la adquisión de la cabecera de El Mercantil Valenciano) pues, desde el aliento empresarial que arrancó con la nueva propiedad, el velamen del periódico, en todos los departamentos,  se desplegó, renovado de arriba abajo,  con una potencia desconocida hasta entonces. Hay que hablar, en rigor, de un antes y un después, en el recorrido de esta cabecera valenciana y ello responde a la confluencia de un empresario que creía en su función de editor y que aportó a sus redacciones un activo de incalculable valor para éstas: unos techos de libertad y una independencia que en el tiempo se acreditaron como inexpugnables cuando los vientos tormentosos del poder los pusieron a prueba y aunque este periódico salió victorioso de sus batallas, apoyado por sus lectores ­-que aumentaron espectacularmente- las escaramuzas fueron ásperas y dejaron cicatrices en la piel corporativa. En esta confluencia, como digo, las plantillas periodísticas que se sucedieron aportaron, además de los quilates de su profesionalidad, una extraordinaria capacidad de identificación con el proyecto empresarial que lideraban Javier Moll, Arantza Sarasola y su equipo. Y esta misma complicidad se registró en los departamentos de gestión comercial y de producción. En esta larga marcha, Levante-EMV superó a su competencia y se convirtió en lo que hoy es: el diario líder de la Comunitat Valenciana, una referencia inesquivable para entender lo que ha sido la historia de este territorio y de sus gentes, llegando, en su capilaridad informativa, a todos los rincones de su geografía.

Y no hay en esta fusión en la que conviven la prensa de papel y la digital confusión conceptual alguna porque lo que consideramos más importante, por encima de todo, es continuar haciendo Periodismo, así con mayúsculas, porque ese sigue el núcleo esencial de nuestro oficio, el de acompañar, con una información libre y fiable, a la sociedad en la que ejercemos nuestra tarea apasionante, redoblados nuestros medios, ahora, con un tsunami tecnológico de vanguardia. Sin nostalgias hacia las viejas y entrañables fórmulas. Y son la libertad, el rigor y, por tanto, la fiabilidad  lo que nos distancia del confuso torrente de las redes sociales que se han convertido en una devastadora inundación y, sobre este fenómeno, lúcidamente señalaba Iñaki Gabilondo: «En los momentos de inundación lo más difícil es encontrar agua potable». Y parece meridianamente claro que, informativamente, el «agua potable» puede encontrarse en los periódicos con señas de identidad, pero no tanto en las redes sociales.

Así, pues, el periodismo sigue vivo y como reflexiona José Martí Gómez, un brillante y veterano periodista, de Morella, «ante un hecho informativo, hay tres alternativas: contar lo que pasa,  opinar sobre lo que está pasando y otra, ayudar a entender lo que está pasando». Como dijo alguien, «el periodismo no es estar allí para contarlo, es quedarte allí cuando los demás se han marchado». Y se pregunta nuestro paisano, todo un «viejo rockero» de este oficio: « ¿ Cómo recuperar para el periodismo el imaginario mágico necesario para sobrevivir con dignidad haciendo frente a la corrupción política y a la difícil regeneración del oficio en un entorno mundial en el que las nuevas tecnologías han revolucionado los hábitos sociales,  en sociedades cada vez más controladas por el poder? El periodista ha de estar presente de forma activa, en el control de ese cambio, en primera línea. Y estará. No lo dudo».

Sin nostalgia y sin desmemoria, tras estos 40 años de Prensa Ibérica, en Levante-EMV, identificados con este nuevo tiempo y con sus enormes posibilidades, por encima de las innegables dificultades del camino, proseguimos con la misma hoja de ruta editorial: ayudar a nuestros conciudadanos a conocer y entender lo que está pasando. Periodismo, ni más ni menos.