Lo sé. Ya el título chirría al lector por esa inusual y paradójica combinación de conceptos. Lo que un purista de la palabra llamaría oxímoron por parecer una contradicción. Pues miren, creo que deberíamos empezar a acostumbrarnos a exigir valores que tristemente se alejan con peligro de las instituciones, de los partidos políticos, de los poderes democráticos y representativos de nuestra sociedad 40 años después de habérnoslos ganado.

Cantaba Sabina que no hay nostalgia peor que añorar aquello que nunca jamás sucedió. Se puede caer fácilmente en ese estado de ánimo cuando se echa la vista atrás para pensar cómo hemos llegado a esta altura del camino. Pero sin nostalgia y apoyándonos en el sentir demoscópico de la mayoría extraigo dos conclusiones: los poderes públicos siguen su descrédito social al mismo tiempo que los servicios públicos se erigen como principal motivo de satisfacción. La sanidad y la educación pública son orgullo patrio, pero quien hace posible su gestión sufre un desprestigio permanente.

Es triste. Más cuando nos encontramos en momentos de incertidumbre como jamás hemos estado en la historia contemporánea. Más cuando conseguimos modernizar un país, haciéndolo más justo, para llegar a estos últimos años a un estado de ánimo de indignación primero y de decepción ahora. Triste. Las instituciones y quienes pasamos por ellas tenemos la responsabilidad, la obligación y el reto de volver a ser un referente de la alegría de la sociedad. Sin cortoplacismo, sin buscar el tuit del día o el llamativo titular, sin política de arrojismo o de ocurrencias de fácil consumo. No hay nada más tóxico que la triste política de lo efímero.

Y allí deben estar los medios de comunicación como esta casa para exigir la alegría de gobernar los nuevos retos del futuro como ya ocurrió en el pasado. El periodismo debe llegar donde no llega la política, ayudándonos a sobrevivir en este gran enjambre de informaciones que tanto desorienta en tiempos de sociedades ansiosas, irritables y desconcertadas. Ahí queda el reto de todos.