La celebración del treinta aniversario de la apertura del IVAM (el próximo 18 de febrero de 2019), es un buen momento para recordar y reflexionar sobre la situación cultural de nuestra ciudad en la década de los años ochenta. Si bien en el campo de la creatividad artística no se percibe un corte radical con décadas anteriores, sí que son unos años decisivos en cuanto a la consolidación de lenguajes individuales se refiere. Ya que un conjunto de artistas van a desarrollar un importante trabajo personal que ha dejado una destacada impronta en el arte de nuestra Comunitat.

Hay que recordar la importante exposición Nuevas Imágenes de España (1980), en el Museo Guggenheim de Nueva York, en el que participaron los artistas valencianos Jordi Teixidor, Carmen Calvo y Miquel Navarro, la cual representó un significativo reconocimiento nacional e internacional de su trabajo. Asimismo y junto a ellos, surgieron un conjunto de escultores (Emilio Martínez, Natividad Navalón, Evaristo Navarro, Ricardo Cotanda, Ana y Carmen Navarrete,..) que, capitaneados por Ángeles Marco (1947-2008) y teniendo como marco de referencia la Facultad de Bellas Artes de València, fueron un buen ejemplo de la efervescencia creativa que, sobre todo en el campo de la escultura, se desarrolló en esos años en toda España.

Paralelamente a este auge escultórico, en 1980 abrió sus puertas la Sala Parpalló de València, centrada fundamentalmente en la fotografía y dirigida por el artista Artur Heras. Lo cual significó una importante entrada de aire fresco al plantear una programación muy sólida con exposiciones excelentes (como las de Walker Evans, Robert Frank, August Sander o Ben Bautier), que venían a suplir las deficiencias artísticas no sólo de nuestra ciudad, sino también de toda la Comunitat Valenciana. Pues hay que recordar que hasta ese momento tan sólo existían (con más voluntad que medios) el Museo Popular de Arte Contemporáneo de Villafamés, creado en 1970 bajo el impulso del crítico Vicente Aguilera Cerni, la Casa-Museo de la Asegurada en Alicante (1977) y el Museo de Arte Contemporáneo de Elche (1980).
En esas circunstancias de clara penuria en cuanto a centros y museos de arte se refiere, la Generalitat Valenciana se planteó a mediados de los años ochenta la creación del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), un centro muy deseado por todas las personas amantes del arte que esperaban que, por primera vez, en València existiera un museo capaz de equipararse a otros que pudieran existir en cualquier país europeo. Bajo la dirección de Tomàs Llorens y con la inestimable colaboración de diferentes artistas como Andreu Alfaro o Eduardo Arroyo, se pone en pie una iniciativa artística de gran calado e importancia internacional. Pues, no sólo es el primer museo que se crea en España centrado en el arte del último siglo, sino que se hace de un modo extrañamente sólido para la época en la que vio la luz. De todos modos, no fue un nacimiento exento de polémica, ya que todavía hoy recordamos la discusión en torno a la clara preeminencia o no de los artistas valencianos en la colección (el debate entre Instituto de Arte Valenciano o Instituto Valenciano de Arte Moderno). Afortunadamente se apostó por un museo arraigado en lo local pero con una clara perspectiva internacional en la cual insertar las creaciones autóctonas.

La actual sede del IVAM es un buen edificio, pero necesita uno para acoger las demostraciones más contemporáneas

La prevalencia de esta visión, más la unión de tres aspectos altamente significativos (uno, la clara voluntad política concretada en el respeto a un proyecto profesional y la dotación de los medios económicos necesarios; dos, un programa de compras y expositivo muy claro que hizo que antes de su apertura hubiera una colección para un museo y no un edificio vacío a la búsqueda de obras para mostrar; y tres, el apoyo decidido de una gran parte del mundo cultural y artístico que, desde el primer momento, entendió que aquello era un proyecto de y para todos) hizo posible la concreción de un proyecto museístico referencial en toda España. El IVAM se convirtió, desde el primer momento, en el agente revitalizador de la dinámica cultural de nuestra Comunitat, tanto en lo que se refiere al conocimiento de las prácticas artísticas más variadas, como al apoyo a la creación (y el consiguiente soporte a las galerías privadas) o al impulso de las enseñanzas artísticas.
Con una visión amplia y de futuro, el IVAM nació con dos sedes claramente identificadas: una, el Centro Julio González, un edificio de nueva planta, dedicado básicamente a mostrar los fondos centrales que nutren la colección desde los años veinte-treinta hasta los setenta-ochenta; y dos, el Centro del Carmen, un antiguo convento de carmelitas del siglo XIV remodelado para exponer las exposiciones de artistas y proyectos más contemporáneos. Una idea básica que años después se vio truncada pero que actualmente vuelve a tener toda su vigencia y actualidad. Ahora que estamos a punto de cumplir treinta años, es un buen momento para remediar algo que nunca debió ocurrir y volver a la idea primigenia. La actual sede del IVAM es un buen edificio para mostrar las obras de contenido más moderno, pero necesita uno de características diferentes para acoger las demostraciones más contemporáneas, al igual que ocurría en el antiguo Centro del Carmen.

Después de una época un tanto sombría, el IVAM ha renacido en estos últimos años con nuevos bríos, ideas y actitudes para encarar no sólo el treinta aniversario, que también, sino las próximas tres décadas. Y ello con una clara voluntad de ser un museo para el siglo XXI, de construirse como un polo de referencia en la exhibición de las más diversas experiencias artísticas y de convertirse en un espacio abierto donde impulsar, producir y compartir proyectos diversos en aras de un museo que se quiere ir construyendo, colectivamente, día a día. Pues ahora, como hace treinta años, el IVAM es el polo de referencia artístico de esta Comunitat y uno de los más importantes de España.