Escribió una vez Jesús Civera que «un periódico es como el espejo en el camino de Stendhal: divulga opinión a la vez que la absorbe. Pero también puede ir un paso por detrás de la sociedad, y testimoniar un fracaso, o un paso por delante, y anticiparse a la mutación. Consumar ese último acto -que posee múltiples fuerzas centrípetas contrarias- significa la gloria». El párrafo forma parte de un homenaje a Jesús Prado, director -porque una vez se es, nunca se deja de ser- de Levante-EMV, el hombre al que Javier Moll, presidente de Prensa Ibérica, confió el periódico cuando lo compró para salvarlo. Era el 16 de mayo de 1984 y en la portada se daba la noticia: Levante pasaba a estar editado por Prensa Valenciana. Para la posteridad el editor y su director dejaron escrito en primera plana que el principal objetivo siempre sería «mantener y potenciar la independencia periodística al servicio de las necesidades, expectativas y requerimientos de toda la provincia de Valencia. Levante seguirá siendo el periódico democrático y pluralista de Valencia en esta nueva etapa que se inicia hoy, con las únicas limitaciones establecidas por la legalidad constitucional y la corrección y el respeto debido siempre a las personas e instituciones, lo que nunca impedirá su libertad de información, opinión y crítica». Una promesa nunca quebrada y que ha terminado convirtiéndose en el sustrato sobre el que hemos crecido las generaciones venideras.

Con Ferran Belda en el cargo desde 1987 abrimos delegaciones por todo el territorio y rompimos las ficticias costuras provinciales. Suele decir Julio Monreal que Levante-EMV es como la Comunitat Valenciana: «tiene el corazón en València pero los pulmones en sus comarcas». De nuevo, el espejo. Para poder reflejar hay que estar delante. Ningún algoritmo ruso podrá sustituir a un periodista en cada uno de los 542 municipios.

En aquellos años nos reencontramos con la historia y recuperamos nuestro apellido, El Mercantil Valenciano. Es nuestro origen más rebelde, el de una redacción dispuesta a fundar un periódico solo para poder seguir publicando.

Ningún algoritmo ruso podrá sustituir a un periodista en cada uno de los 542 municipios

Con el mismo espíritu, en 1997 Pedro Muelas impulsó la edición digital. Nuestra página web se actualizó por primera vez el 11 de marzo de 2004. La sociedad había comenzado a acelerarse y ya no podíamos esperar al día siguiente para contar los atentados de Madrid.

Luego llegarían Steve Jobs y el 3G y lo cambiarían todo. La sociedad hiperconectada se hizo real, los movimientos sociales globales y la geopolítica muchísimo más complicada.

Si lo miramos bien, nuestro pasado, el de Levante-EMV, es inesperadamente líquido, una circunstancia casual y avanzada a su tiempo que puede -y solo puede- que nos haya preparado para un presente digital, casi gaseoso, lleno de metamorfosis y peligros para una profesión de románticos.