Independientes pero no neutrales. Es una idea que permanece instalada en el frontispicio de Levante-EMV desde que en 1984 el diario fue incorporado al grupo Prensa Ibérica que había nacido seis años antes. Los equipos que se han sucedido en la cabecera valenciana líder han hecho de esa leyenda una doble obligación, asumida a la vez con entusiasmo. El periódico ha ejercido una independencia absoluta respecto de los poderes políticos, económicos y de cualquier otro tipo, siempre interesados en presentar su mejor cara ante la sociedad y en ocultar sus abusos y sus intereses cuando son inconfesables.

Como saben bien los miles de lectores que nos han acompañado a lo largo de estas décadas, el precio de esa independencia ha sido elevado, pero también ha sido pagado con satisfacción y con la convicción de que un diario de ámbito regional, como es Levante-EMV, se debe a todos y cada uno de los ciudadanos del territorio al que se dirige, al que sirve, y no a una fracción política, ideológica o sectorial, por importante que sea. Por fortuna, una gran parte de la sociedad valenciana ha sido permeable a ese planteamiento y ha visto y ve cada día en las páginas del periódico la visión plural, independiente y profesional que necesita una ciudadanía libre en una democracia madura.

Pero hablar de independencia no es hablar de neutralidad. En ese empeño de Prensa Ibérica y de Levante-EMV por hacer comunidad con sus lectores y con sus anunciantes, de ofrecerse cada día, cada minuto, como instrumento para analizar la sociedad y para cambiarla cuando es necesario, a veces hay que tomar partido. No se puede ser neutral ante la injusticia, la pobreza, la destrucción del patrimonio histórico o ambiental, la corrupción, el fracaso escolar, los abusos del poder, el desempleo, el machismo, la despoblación del mundo rural, y tantas otras lacras y desigualdades que genera una sociedad que vive demasiado deprisa, a menudo sin volver la vista atrás para observar los rostros de los que no van a su ritmo.

Los lectores saben, después de 34 años de relación, que pueden encontrar en las ediciones impresa y digital de su periódico un latido constante que informa, denuncia y señala aquello que perjudica o puede dañar a la sociedad valenciana y también un aliento a favor de lo que puede permitir su desarrollo y un futuro en paz, libertad y democracia. Porque un diario no es solo el reflejo de la ciudadanía a la que se dirige, el acta del acontencer diario. Es también un mural en el que están escritos sus sueños y sus anhelos, sus preocupaciones, sus penas y sus alegrías. Y todo ello es lo que permite que Levante-EMV forme hoy comunidad con más de medio millón de personas que cada día, a través del móvil o de las hojas del papel, eligen nuestra casa para asomarse a la actualidad e interactuar sobre ella con sus comentarios, artículos o mensajes en las redes sociales. Y todo ello, como a algunos nos gusta subrayar, por un módico precio. El periódico es, de entre lo imprescindible, lo más barato, una herramienta útil para conocer el mundo y para cambiarlo. Anímense a usarla.