Cómo era urbanísticamente València hace 40 años? Muy sencillo: era una ciudad sin rumbo, sin proyecto, sin ilusión y con la sensación de que todo lo que se había hecho en las décadas anteriores había salido mal, muy mal. El desastre del Saler, el proyecto de autopistas por el cauce, la destrucción de edificios del centro histórico, las calles de la periferia sin urbanizar, los camiones atravesando la ciudad, barrios sin equipamientos básicos … Y todo ello con un plan urbanístico cuya ejecución, en vez de mejorar la ciudad y dotarle de un proyecto atractivo y viable de futuro, la empeoraba. Esta es la peor situación en que puede encontrarse una ciudad, que su propio urbanismo sea la causa principal de su situación crítica, cuando debería ser el más poderoso instrumento de mejora de su calidad de vida y garantía de su futuro.

La elaboración de un nuevo plan urbanístico, el Plan General de 1988 y del que en diciembre de este año se cumplirán los 30 años de vigencia, fue la herramienta clave, a mi juicio, para el inicio de la gran transformación urbana de la ciudad. Este plan estuvo precedido, desde 1979, por actuaciones urgentes en los planes del Saler, el cauce del Túria y ciertas zonas de la periferia, pero fue este Plan General el que dotó a la ciudad de un modelo estable de desarrollo y el que permitió el cambio de rumbo definitivo en su urbanismo.

La transformación de estos últimos 40 años ha sido espectacular, con independencia del juicio que merezcan concretas actuaciones. La ciudad en crisis de los 70 ha pasado a ser una ciudad madura y moderna, que puede permitirse sin problema la comparación con la inmensa mayoría de las ciudades medias europeas, tanto en infraestructura urbana como en niveles de servicios de todo tipo. El cambio es fruto, en buena parte, de un proceso de colaboración público-privada casi único en España por la escala en que se desarrolló, proceso en el que la edificación fue acompañada de la previa urbanización a costa de los propietarios de suelo de los nuevos barrios. València incorporó a su casco urbano aproximadamente 500 hectáreas de nuevas zonas urbanas completamente urbanizadas a coste cero para las arcas públicas, algo que asombra a cualquier observador extranjero que viene a estudiar esta ciudad.

Podemos imaginar una València sin la Ciudad de las Ciencias, el Palau de la Música, el Palacio de Congresos, el IVAM, San Miguel de los Reyes, el nuevo campus de la Universidad, la nueva Fe…? Podemos imaginarla sin el metro, el tranvía, el túnel de Serrería, el By-pass, la Alameda, el Bulevar Sur, la Ronda Norte…? Cuesta trabajo creer que todo eso se haya podido hacer en un período tan corto de tiempo. Quedan zonas concretas por recomponer (Grao, Parque Central, Cabañal…) pero el impulso esencial para transformar València se ha hecho y el futuro es esperanzador