La fisionomía de la Comunitat Valenciana ha cambiado radicalmente en los últimos cuarenta años, un período de máximo dinamismo económico. Es en este lapso temporal donde se ha producido una transición política histórica, la liberalización económica, la crisis del petróleo, la del 93 y de 2009, la entrada en la Unión Europea y el euro o la globalización como hechos más significativos. El camino andado no ha sido homogéneo y ha tenido sus luces y sus sombras.

Lo que nadie puede cuestionar es que nuestra economía ha crecido durante todo este período a un ritmo superior a la media española en las fases expansivas del ciclo económico. Aunque también es cierto que ha sufrido con mayor intensidad retrocesos más acusados, tanto en producción como en empleo, en las fases de recesión, con ajustes significativos en su tejido productivo. La convergencia hacia la media europea ha sido progresiva pero limitada.

El resultado ha sido una significativa y progresiva transformación de la estructura productiva, desde una economía con notable peso agrario e industria centrada en sectores intensivos en mano de obra (textil, calzado, mueble, etc.) hacia una sociedad basada en el sector servicios, en donde el comercio y el turismo tienen un papel importante como generador de empleo, y un sector industrial que, si bien ha sufrido duros ajustes en las ramas más tradicionales, paralelamente se han desarrollado nuevas industrias más intensivas en capital, I+D y capacitación humana: industria química, electrónica, maquinaria, automoción o biotecnología.

La economía valenciana ya era una de las más activas en los mercados exteriores pero en estos 40 años se ha producido un fuerte incremento

De todos los aspectos de nuestra economía, el que más destaca es nuestra apertura al exterior, una característica que se ha potenciado a lo largo de este período, verdadero motor de la recuperación económica en las fases de recesión. La economía valenciana ya era una de la más activas en los mercados internacionales, pero a lo largo de estos cuarenta años se ha producido un fuerte incremento, tanto del número de empresas exportadoras, 23.163, como de las mercancías exportadas, que ya suponen el 25 % del VAB, así como de la diversificación de productos y de mercados. Todo ello ha permitido a la empresa valenciana, no sin esfuerzos e inversión, ganar en competitividad, tamaño empresarial y liderazgo.

Estos cambios también se han producido en la población. Ha sido el sustancial aumento de la población (de 3,5 a 4,9 millones) y los cambios de las relaciones demográficas asociadas, como son el aumento de la población extranjera (que alcanza el 13,5 % de la población total), el envejecimiento de la población, la progresiva urbanización y concentración demográfica en las zonas de la costa.
En la actualidad, la economía valenciana debe potenciar la internacionalización y la digitalización como los principales vectores de competitividad para nuestras empresas. La globalización, las nuevas tecnologías, la nueva realidad demográfica, el creciente peso de los países emergentes, el elevado endeudamiento global, son algunos de los factores que transformarán el entorno en el que se mueven las empresas y la sociedad valencianas, pero que, como en décadas anteriores, seguirán afrontando los empresarios con su esfuerzo, capacidad de riesgo, creatividad y determinación.