Las grandes movilizaciones ciudadanas en torno a El Saler y al viejo cauce del río fueron seguramente la puesta de largo del movimiento vecinal en València: «El Saler per al Poble» y «El llit del Túria es nostre i el volem verd». Fue el movimiento vecinal, con su insistencia, el que consiguió movilizar a la sociedad civil y parar una urbanización en el parque natural y la autopista proyectada en el antiguo cauce.

Pero antes de aquello, antes de la democracia, ya había asociaciones que desde los barrios trabajaban por lo inmediato y en todos ellos podemos ver la huella del movimiento vecinal: un parque aquí, un centro de salud allá, el asfaltado, el alumbrado… todo esto y mucho más es por lo que se formaron estas organizaciones.
Nuestra ciudad creció de una manera desordenada y carente de planificación, olvidando dignificar estas nuevas zonas con las infraestructuras y servicios básicos. Era la ciudadanía organizada la que tenía que salir a la calle y reivindicar sus derechos, ya que no había interlocución con la administración. Y éste es el hilo conductor del movimiento vecinal: la amplia base social, su carácter reivindicativo y la necesidad de mejorar la vida de la ciudadanía.

En estas cuatro décadas ha habido periodos de mayor o menor actividad, pero siempre hemos estado ahí, aunque hay gente que lleva más de veinte años anunciando nuestra muerte.
Hay que destacar también el papel de la mujer en estas entidades. Desde su inicio, mujeres y hombres han trabajado juntos sin preponderancias en las asociaciones vecinales. Es un orgullo sentirnos precursores en democracia e igualdad.

València ha cambiado mucho en 40 años y podemos afirmar que hemos contribuido a ese cambio de una forma altruista y voluntaria. Los barrios se han dignificado y existe un sentimiento de pertenencia que hace que queramos mejorar día a día sus condiciones.

Hemos vivido gobiernos municipales de distinto color y a todos les ha molestado en algún momento nuestra presencia y este hecho refuerza la necesidad de tener un movimiento vecinal fuerte que trabaja de forma transversal temas y espacios; que ve la ciudad como un todo formado por muchas piezas y queremos que cada una de ellas sea un buen lugar para vivir.
Y no acaba aquí la historia del movimiento vecinal porque la ciudad sigue creciendo y evolucionando a espaldas de la ciudadanía, con poca participación en temas que nos afectan muy directamente.

¡Por otros 40 años más!