Los últimos cuarenta años han dado lugar a todo tipo de situaciones en el contexto cultural en la Comunitat Valenciana. Desde la efervescencia creativa de finales de la década de 1970, pasando por el impulso institucional en los años 80 y 90, con la creación de una escena cultural propia, para atravesar posteriormente un tiempo de dirigismo, censura y abusos de poder. En plena burbuja inmobiliaria, la cultura fue aprovechada para alimentar el negocio de la construcción, favoreciendo la creación de contenedores culturales sin contenido. Tras una etapa de falta de apoyo, llegó la crisis económica y con ella el pretexto que justificaba la imposibilidad de dar soporte al sector. Con esa soga al cuello durante unos diez años, las empresas y los profesionales de la cultura fueron capaces de reinventarse adoptando fórmulas de autogestión. El empoderamiento personal y colectivo que representa la respuesta de numerosos profesionales se estudiará como elemento anticipatorio de un cambio de signo ciudadano. Por ejemplo, la aplicación de procesos de selección, para la designación de técnicos al frente de algunas instituciones culturales, representa el principio del fin de una larga tradición de injerencias políticas. No pocos agentes culturales emigraron forzados por la presión política, las listas negras y la ausencia de oportunidades. Algunos flujos de regreso ya han comenzado, pero el enorme daño causado en dos décadas es difícil de cuantificar.

El presente es un escenario de cambios. Pasar de una cultura institucional a una institución al servicio de la cultura, ha de ser una de las prioridades en este nuevo tiempo. A la vez, es importante recuperar el interés de la ciudadanía por la cultura, en un mundo en el que la identidad de las personas se ha forjado mediante los mensajes de la publicidad al servicio del mercado y el consumo. Esa formalización social responde a una ideología que convierte a las personas en meros consumidores. El cambio de paradigma en la actual oferta, con un notable incremento de actividad procedente de espacios públicos y privados, ha puesto de manifiesto la existencia de un público activo que manifiesta su «hambre de cultura», secundando masivamente las programaciones. Si se mantienen las actuales condiciones de libertad, no injerencia y creciente apoyo económico, tomando como base la reciente evolución de la oferta y la demanda cultural, la perspectiva de futuro indica el afianzamiento de una dinámica de crecimiento que contribuirá a dar visibilidad al gran potencial intelectual y creativo de Alicante, Castelló y València.