Prensa Ibérica cumple 40 años y nos pide analizar estas décadas en materia de derechos y libertades. La Constitución del 78 superó la dictadura que inauguraba una democracia plena. Atrás quedaba el adulterio como delito y la influencia de la Iglesia en el código penal, la libertad de prensa se imponía a la censura con un «destape» más allá de los desnudos. Nos organizamos en partidos y sindicatos, en asociaciones… Se constituyó el Consell preautonómico del País Valencià al grito de «libertad, amnistía y ‘estatut d’autonomía’». La Comunitat era destino de poblaciones limítrofes hacia un litoral, rico e industrial. Y aumentamos población más que la media. Y esto, con la obsesión del régimen por relegar el valenciano, determinó su desaparición de las grandes ciudades. El Consell quiso recuperar las señas de identidad sin denominación pacífica, bandera de consenso y una lengua no hablada en todo su territorio que se pretendía normalizar. Estaba servido el escenario para «la batalla de València». La izquierda asociaba País Valencià, cuatribarrada y unidad de la lengua con republicanismo y progresía. La derecha y un valencianismo capitalino, Reino, franja azul y valenciano frente al catalán. El Consell autonómico de Lerma pactó C. Valenciana y franja azul, pero no llegaría cierta paz hasta la constitución de la Acadèmia Valenciana de la Llengua. Sí… ¿pero de cuál?

Las dificultades son muchas en el proceloso mar de la globalización

En 2015 se conformó el Govern del Botànic, dando estabilidad, honradez y reivindicación. Le han acompañado los precios del crudo, un turismo favorecido por la geopolítica y el BCE con crédito y reducción de primas de riesgo; pero la Comunitat ha sabido hacerlo mejor, arrojando cifras superiores a la media. Las dificultades son muchas y en el proceloso mar de la globalización sufrimos inclemencias, pero tenemos casco sólido y buen velamen (aunque nos faltan unidad y confianza) para ganar el futuro.