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| Lidia Moreno: Dos condenas y una orden de alejamiento no la salvaron |
![]() Su homicida le asestó dos puñaladas en su piso de Xixona poco después de salir de la cárcel, donde cumplió dos sentencias por maltratarla Las medidas que debían proteger la vida de Lidia Moreno fueron inútiles. El asesino salió de Fontcalent dos meses antes tras haber ingresado en la prisión por maltratarla. A pesar de la orden de protección y del historial de vejaciones y palizas, la pareja reanudó la convivencia. El 22 de marzo, el criminal no dudó en asestar dos puñaladas cerca del corazón de Lidia tras una larga noche de consumo de alcohol. El homicida fue condenado el 19 de julio de 2005 a seis meses de prisión y a dos años de alejamiento, y el 24 de mayo de 2006, a cien días de trabajo en beneficio de la comunidad y a otros cuatro de prohibición de acercarse a ella. No sirvió de nada. A pesar de que no se podía aproximar a ella hasta el año 2010, en marzo decidió acabar con su vida. Tras asesinarla, fue a casa de un hijo que tiene de una relación anterior y le confesó el crimen. El hijo no dudó un minuto en delatar a su padre. El acusado, que tenía una tercera denuncia pendiente de juicio, se refugió en su cobardía y negó el asesinato ante el juez. Eran las ocho horas del 22 de marzo de 2008. La centralita de la Policía Local de Xixona, habitualmente tranquila a esa hora, recibía una fatal noticia: la cuarta muerte violenta de una mujer en la Comunitat desde el inicio del año. Dos agentes se desplazaron de inmediato al número 1 de la calle Mare de Déu del Pilar de Xixona. Ante la imposibilidad de acceder a la vivienda en la que se podría haber cometido el crimen, los policías decidieron entrar por el balcón. La imagen que encontraron en el inmueble difícilmente se les irá de la cabeza algún día. En el suelo, con el cuerpo desmadejado y ensangrentado, estaba Lidia Moreno, una xixonenca de 42 años muy conocida en el municipio. Enseguida acudió un médico del centro de salud, aunque tan solo pudo certificar la muerte de Lidia. Ya era demasiado tarde. R. N., de 50 años, había acabado con ella tras una noche de copas. Una primera puñalada, en la entrada de la vivienda, y una segunda, en el interior de la casa, cercenaron su vida y la de su familia, que no se cansa de llorar su pérdida. Lo más grave del caso, insiste la concejala de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Xixona, María Teresa Carbonell, fue que sobre el presunto agresor pesaba una orden de alejamiento por maltrato. De hecho, R. N. había salido de la cárcel en enero. Allí había pasado varios meses por pegar a Lidia. Pero aún así, ambos habían retomado la convivencia. Hasta ese fatídico 22 de marzo. El acusado tenía dos condenas por maltratar a su víctima y una tercera denuncia, que aún estaba a la espera de juicio. Ni los mecanismos policiales ni judiciales pudieron evitar que cumpliera su objetivo. Tras asesinar a Lidia, el agresor se desplazó a casa de un hijo de una relación anterior. El joven, al ver ensangrentado a su padre, le preguntó por lo ocurrido. Y éste no tuvo empacho en contarle lo ocurrido. El hijo no lo dudó. Avisó de inmediato a la Policía Local, lo que propició la inmediata detención de su padre. Un antes y un después Y mientras, apartados de los focos mediáticos y sin querer entrar en valoraciones, el luto lo llevan el hijo de Lidia, ya mayor de edad cuando asesinaron a su madre, y sus padres. Porque ellos han sufrido y sufrirán aquel atroz suceso. "Difícilmente lo olvidarán algún día, porque algo así te marca de por vida", concluyó María Teresa Carbonell, quien, paradojas de la vida, fue en la infancia compañera de clase de la víctima de este crimen machista. El asesino espera e el juicio entre las rejas de Fontcalent En el juicio, que se celebrará dentro de unos meses en la Audiencia Provincial de Alicante, la familia de Lidia Moreno no estará sola, puesto que la Generalitat Valenciana ha autorizado a la Abogacía General del Consell a que se persone como acusación popular. Para el Gobierno valenciano, este suceso "no sólo se trata de un claro caso de violencia de género, sino que también es un problema de ámbito social público de interés general, que obliga a los poderes públicos a actuar de una manera activa, con el objetivo de lograr la plena erradicación de los malos tratos". |



