| La mayoría y los retos del futuro |
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| Escrito por MANUEL MUÑOZ | ||||||
| martes, 30 de septiembre de 2008 | ||||||
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El congreso que han celebrado los socialistas valencianos este fin de semana ha evidenciado una fuerte división entre dos sectores, como ha venido ocurriendo en los momentos críticos del partido (congresos de 1979, 1997 o 2000). El reto importante que tienen ahora Jorge Alarte y su equipo es superar a la mayor brevedad la división e ir ampliando la base de apoyo a partir de una política interna de integración. Eso, en cierto modo, hizo Joan Lerma, quien, aunque dejó el camino sembrado de cadáveres políticos, pasó progresivamente de su elección por los pelos en el congreso de Económicas a una larga mayoría incontestada hasta que perdió las elecciones autonómicas de 1995. Ignasi Pla solo ganó por 10 votos a sus oponente más aventajado, José Luis Ábalos, en el congreso de Alicante de 2000, pero su pacificación del partido y la labor de integración lo condujeron a un cómodo 82% en el congreso de Castelló de 2004. En cambio, Joan Romero, que ganó solo por tres votos el congreso de la Politécnica en 1997, no consiguió estabilizarse, por lo que dimitió y abrió la puerta a una comisión gestora en 1999. El problema, pues, no es el inicio, sino saber conjugar las fuerzas en el partido para que la división no solo no se agrande sino que incluso desaparezca. ¿Será Alarte capaz de conseguirlo? Está por ver. En realidad sus grandes retos son dos, aunque parecidos: conseguir el apoyo de la amplia mayoría del partido y lograrlo de la sociedad en cantidad suficiente como para poder gobernar. Aunque parezca a primera vista mucho más difícil el segundo, el primero presenta también dificultades. Romero -lo acabo de decir- no alcanzó el primero y no llegó a intentar el segundo. Pla, por su parte, unió y pacificó el partido pero fracasó estrepitosamente dos veces al intentar recuperar para los socialistas la presidencia de la Generalitat. Y no solo eso cabe apuntar en el debe de Pla; porque fue él directamente el responsable de taponar a Alarte el camino a las Corts Valencianes, pues se opuso a que el alcalde de Alaquàs, ya entonces sospechoso de aspirar a la sucesión, fuese en las listas al Parlamento autonómico. La falta de visión de futuro y de geenerosidad de Pla es lo que ahora impide a Alarte ocupar el lugar en las Corts adecuado a su rango en el partido. Pero esperar sentido histórico y magnanimidad de los políticos parece una utopía. Porque lo de Pla con Alarte es casi una broma si recordamos el encarnizado duelo político, empedrado de zancadillas, que vivieron no hace demasiado Francisco Camps y su ilustre predecesor al frente del partido y la Generalitat. Cite este artículo en su sitio
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