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EL PROCESO Y EL RESULTADO |
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Escrito por JAIME ROSARIO
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jueves, 25 de septiembre de 2008 |
Ahora que comienza el XI Congreso del PSPV-PSOE resulta conveniente recordar lo siguiente. El procedimiento actual de designación del Secretario General tiene ciertas similitudes a una elección a dos vueltas, aunque indirecta. Es decir no votan todos los militantes, aunque estos si lo hayan hecho a través de la web del Especial del diario LEVANTE y bastante claramente en esta ocasión puesto que han votado el equivalente al 62% del número de afiliados al Partido. En esta similitud hay una primera vuelta que es el momento de los avales de los delegados, en la cual cada uno de los candidatos recibe un número diferencial de apoyos y que sirve para eliminar, aunque sea por la mínima, a algunos de ellos y hacer que se retiren los que no logran un abundante porcentaje de apoyos previos. La segunda vuelta la representaría la reducción del número de candidatos a únicamente dos, por no haber mas que hayan logrado el porcentaje exigido de avales a presentar. En este caso los delegados, ahora ya si con voto directo y secreto, otorgaran su apoyo a quien cada uno considere y también lo harán aquellos que han sido seguidores de los aspirantes ya eliminados o retirados y que pueden dar su voto por proximidad o coincidencia a alguno de los candidatos que quedan en liza.El resultado final puede ser imprevisible e incluso inverso al del número de avales, pero el procedimiento en si ya ha tenido algunas consecuencias negativas:Primera: La ventaja para el que mas avales ha cosechado de perfilarse como favorito y de atraer así a los indefinidos que intentan acercarse al presunto ganador en busca de su propia ganancia, fomentándose así el clientelismo.Segunda: La de poner de manifiesto la discrepancia entre las bases que votan libre y espontáneamente y los nominados como delegados que pueden hacerlo bajo presión real o psicológica. De esta manera se diluye la identificación colectiva y el sentimiento de pertenencia, al tiempo que se fomenta el pasotismo y la desintegración interna.Tercera: Da la impresión de fragmentación del colectivo político en diferentes familias por cuotas de poder personal, según el número de apoyos recibido por cada uno de los lideres. Lo cual se suele interpretar como un reparto del pastel por tajadas desiguales, en el que algunos obtienen las más abundantes o golosas y algunos otros las pequeñas porciones o las migajas, para poder sostener sus propias prebendas personales.Cuarta: La eliminación de los que no han logrado el porcentaje exigido en la preselección suele suponer que o bien quedaran condenados al ostracismo o, en caso de incluírseles en la posterior ejecutiva, darán la imagen de haber sido comprados.Todo esto no sucede con un sistema de elección directa. En este caso, el conjunto de los militantes puede expresar su voto secreto libremente a cualquier aspirante sin necesidad de avales previos. La selección implica la nominación del candidato que es apoyado mayoritariamente por al menos el 50% del colectivo político. La segunda vuelta sirve para resolver que ese apoyo sea el mas amplio posible, en caso de que no haya sido así en la primera al no obtener nadie mas de la mitad de los votos emitidos.A partir de ahí se puede restablecer la unidad si el lider ya elegido es capaz de aunar a su alrededor las voluntades de los demás, sin cuotas de reparto puesto que nadie mas que uno mismo conoce su propio voto.Igualmente se evita el familiarismo en torno a las cuotas de poder que presuntamente tienen los aspirantes derrotados, puesto que ni ellos mismos pueden estar seguros de quienes le han votado ni siquiera aproximadamente. Y, desde luego, la impresión que se proyecta al exterior resulta mucho mas democrática y menos clientelista al haberse resuelto el liderazgo con el voto mayoritario de todo el colectivo político.De todas formas aquel procedimiento es lo que hay hoy en día y los Delegados debieran de ser capaces tanto de medir muy bien sus avales, para posibilitar la oportunidad de todos los candidatos que quedan en la competición, así como de ponderar su voto personal y secreto para apoyar al que mejor y mas claro proyecto sea capaz de presentar para el conjunto del Partido. En todo caso queda claro que sobre los Delegados en el Congreso recae toda la responsabilidad directa de su acierto o error de cara al futuro y no en el conjunto de los militantes socialistas que si la tendrían que asumir en el supuesto de una elección directa mediante voto universal, directo y secreto de la Secretaría General. Sobre vosotros, compañeros y compañeras, recae además la responsabilidad de cambiar esto para que no vuelva a suceder y podamos corregir nuestros errores al menos en un próximo Congreso. Escrito por Jaime Rosario
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