| El contrincante no está aquí ni se le espera |
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| Escrito por Pedro Muelas | ||||||
| domingo, 28 de septiembre de 2008 | ||||||
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No había que seguir muy de cerca el debate del estado de la Comunitat Valenciana que se ha desarrollado esta semana en las Corts Valencianes para darte cuenta de que el debate no fue entre el presidente del Consell, Francisco Camps, y el portavoz del PSPV, Ángel Luna. Tampoco, por supuesto, entre el presidente Camps y la portavoz de Compromís o lo que sea —me refiero a la portavoz y el Compromís— porque Camps no sabe a qué carta quedarse con las intervenciones desde esa parte de la bancada, mientras se mantenga ese grupo desunido y con dos «portavoces» en liza. ( No desespere Mònica Oltra ni empeñe tiempo ni esfuerzo en pedirle a la mesa de las Corts que le quiten de encima a Glòria Marcos porque el PP no lo hará nunca, si no es con agentes de policía como a los bancos de Fabra). Sencillamente, no hubo debate. Así de crudo y así de duro. Cuando uno no quiere, dos no se pelean. Así es que por más que se empeñara Ángel Luna, el más impopular y vapuleado de los redactores de ponencias del PSOE de toda su historia, sus cortos lanzamientos de derecha e izquierda no llegaban al mentón de Camps. NI DE LEJOS. Ni el PSOE está para presentar batalla en estos momentos a Camps, ni Camps está para escaramuzas. Camps debatió, en realidad, con Rodríguez Zapatero, y le hizo el favor a Luna y Oltra, y de paso a toda la cámara, de estar allí dando el callo más tiempo del que otro presidente en sus mismas circunstancias y con más suficiencia se hubiera permitido. Ni las baterías antiaéreas de Iraq le llegaban a los aviones de Bush, ni las andanadas de Luna y Oltra le alcanzaban ni siquiera al campo de seguridad. Ese rasgo refleja certeramente la situación. Nadie dice que no pueda cambiar mañana, pero a eso se tiene que enfrentar el PSOE de Jorge Alarte en esta nueva etapa que ahora empieza con tanto ruido, con tanta división y con tanta ilusión. Puede optar el partido por lo que quiera —ya lo ha hecho—, pero si no aplica un cambio efectivo y eficaz a su trayectoria, estilo y ambición, no aumentará ni un gramo ese 40% del electorado que se mantiene fiel… ¡vete a saber por qué! Y si no se anda rápido en fijar un discurso, un carácter y fuerza, estará listo. Seguirá en la senda de la invisibilidad que tan bien definió Ana Noguera, ayudado, eso sí, por el inestimable ninguneo de RTVV. Seguirá mucho más invisible, ahora que lo pienso, al no tener la condición de diputado en las Corts. A los otros, Pla y compañía, no les quedaba más remedio que sacarlos retratados en la tribuna, pero ahora, ¿cómo, cuándo y cuánto veremos en la tele de Camps al alcalde de Alaquàs? ¡No se parecen en nada Luna y Alarte! NUEVAS CANTINELAS. El PP ha mejorado mucho su estrategia. La renueva, la mejora, la amplía… y la refresca, de vez en cuando como las páginas de los diarios digitales. Acuérdense que todos nos aprendimos de memoria la cantinela, diaria en el caso de Ricardo Costa, de más inversión por el millón de más valencianos, más policías, más AVE y más trasvase. Ahora, ya lo habrán notado, estamos en otra, en realidad en dos: el «Sí» al progreso de la CV, frente al «No» del PSOE, y la tan contundente como cogida por los pelos retahíla de agravios frente a las millonadas que ha librado Zapatero para otros grandes eventos en el resto de España —¡qué bueno es eso de recordar que en otros sitios también se montan!— como la Expo de Zaragoza, la de Sevilla, los Juegos Olímpicos, el Fórum de Barcelona o el muchísimo dinero que se envía a otros centros operísticos de España… Frente a todos esos millones, muchísimos como pueden imaginar, el gobierno no se ha involucrado ciertamente en los valencianos, y manda cuatro pesetas a nuestro Palau. Ése es el frente de batalla con el que se encuentra Jorge Alarte, a quien no sabemos si Camps le concederá el estatus de rival político o seguirá prefiriendo a Zapatero. Cite este artículo en su sitio
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