Cuando las diferencias están en las ideas los pactos son más fáciles de alcanzar que cuando están enquistadas en el hígado. Por eso, el secretario general del PSPV, Jorge Alarte, tendrá que emplearse a fondo y con mucha cirugía fina para restañar heridas y construir consensos de cara a los tres congresos provinciales constituyentes que se han de celebrar antes del 15 de diciembre. El líder del partido quiere evitar que el bloque afín a Ximo Puig y Francesc Romeu interpreten estos procesos como una revancha e intenten atrincherarse en las provinciales, por eso quiere reunirse con Ximo Puig para ir tendiendo puentes. El toque de queda decretado por José Blanco en el PSPV tras la votación del secretario general el pasado sábado y el compromiso personal de Zapatero con el proyecto de Alarte son elementos disuasorios para quien pretenda echar un pulso a la candidatura oficial de cada provincia.
Valencia es la que más opciones de congreso pactado presenta. De hecho, en uno y otro lado ya se maneja la posibilidad de que el acuerdo se produzca en torno a la figura de la alcaldesa de Quart, Carmen Martínez, como secretaria general y su homólogo en Gandia, José Manuel Orengo, de presidente. Este último ha orbitado siempre en el lermismo pero no está considerado del sector duro. De hecho, llegó a apoyar la operación para que Jordi Sevilla fuera secretario general. Su implicación en una ejecutiva pactada arrastraría a la Safor, donde hay casi unanimidad lermista, y serviría de banderín de enganche a otras comarcas proclives al acuerdo como la Ribera Alta.
Alfred Boix, situado por Blanco en la dirección de Alarte y también lermista descolorido, es secretario de la Safor e impulsará ese pacto. Más complicada está la provincia de Castelló, partida en dos bloques, con mayoría de Ximo Puig. El alcalde de Morella ha visto como Alarte ha colocado de presidente del partido al alcalde de Vilafranca, Oscar Tena, quien fue afiliado al partido por el propio Puig. Fue una apuesta por el cambio en ese municipio de Els Ports. El hijo acabó enfrentándose al padre y en este proceso congresual ha sido uno de las cabezas visibles de la plataforma municipalista, afín a Pajín y unida contra Puig. Con todo, el talante del de Morella y la amenaza pública de Blanco, que le colgó la responsabilidad de todos los líos que pueda haber desde Vinaròs hasta Guardamar, contribuyen a que Ximo Puig pueda acabar convirtiéndose en un agente del orden público en el PSPV de Castelló.
En Alicante, Alarte ya ha encargado a dirigentes como Roque Moreno, secretario de la ciudad, que sondeen al otro bando para ir desbrozando el camino, aunque la fractura allí es más honda que en ningún otro lado. El panorama se deberá despejar en apenas dos meses. La ejecutiva pondrá la semana que viene fecha y condiciones (militantes por delegado, plazos etc) a los procesos congresuales. En ellos, se elegirán también miembros del comité nacional, máximo órgano entre congresos. De los 49 ya decididos previo pacto en este congreso, 24 son del bloque de Puig-Romeu-IS. El acuerdo siempre pasará por el reconocimiento del peso del otro sector. Alarte irá con pies de plomo para controlar claramente un órgano con capacidad para ratificar listas. Y tumbar secretarios generales. Lo sabe Joan Romero.