Un choque de los que traen cola. (y larga)
Opinión - J.V.Aleixandre
Escrito por J. V. Aleixandre   
Domingo 04 de Diciembre de 2011 21:03
El Valencia CF y un nutrido grupo de parroquianos emprenden el camino de Londres (el Londón de la Ingland, como diría mi amiga Macu, que anda renqueante del brazo que se quebró allí, en el mismo corazón del imperio británico). En Chelsea, otrora exclusivo barrio pijo, ahora ya no tanto —la crisis no mira pelaje— le aguarda el equipo que ha ido confeccionando Román Arkádievich Abramóvich con la pasta que le sobra. El multimillonario ruso de 45 años, quiere darse el capricho de conquistar la Copa de Europa, sueño que, pese a la facilidad con la que desenfunda su chequera y la generosidad con la que la dispara, todavía no ha visto materializado. En el fútbol, afortunadamente, no todo es el dinero. Que tome buena nota Llorente.
El primer partido del siglo de este semana —calma y tranquilidad, que para el otro aún restan cinco días— es de los que deslindan territorios. Quien salga triunfador del envite se instalará en la zona noble del fútbol europeo. El derrotado entrará en depresión y a su técnico, sobre todo si es Villas-Boas, le anudarán la soga al cuello. No existe correlación en el caso de Unai Emery, porque el vasco está en la cuerda floja desde que llegó al club, como es público y notorio. Su Valencia anda necesitado de dar un golpe sobre la mesa en este tipo de partidos decisivos en los que se la juega a cara o cruz. Desde aquella imborrable final de la Supercopa perdida en el Bernabéu en el verano de 2008., el equipo de Emery ha sido incapaz de ganar un choque de ese altísimo nivel.  
El posible éxito en Stanford Bridge proporcionará una rentabilidad magra, porque no depara ningún título, tan sólo el acceso a los octavos de final de la Champions. Pero su repercusión será de largo alcance porque contribuirá a acrecentar la autoestima del grupo y a prestigiar al equipo de puertas afuera, para regocijo de sus seguidores, tan deseosos de una satisfacción de ese tipo. Con la eliminación, resurgirán las dudas latentes  en torno al crédito del entrenador que el propio club y sus terminales mediáticas se encargan de propalar cíclicamente. Acabe como acabe, el enfrentamiento es de esos que traen cola. Y larga.