El Madrid sigue haciendo amigos
Opinión - J.V.Aleixandre
Escrito por J. V. Aleixandre   
Domingo 20 de Noviembre de 2011 22:55
Siendo com0 es el fútbol también —y sobre todo— pasión, un partido no requiere grandes dosis de juego excelso para devenir en espectacular. Lo fue el Valencia-Madrid sin que ninguno de los dos equipos, líder y tercer clasificado, se aproximara al refinamiento del fútbol mostrado una hora antes por el Barça, segundo clasificado entre ambos. La parroquia salió razonablemente satisfecha de Mestalla porque, a falta de grandes alardes con el balón, la velada se vivió con intensidad por las constantes alternativas del marcador, donde el Madrid siempre contó con ventaja. También en el juego, el Valencia anduvo a rastras del rival. El Madrid fue ligeramente superior a nivel colectivo y de manera más acusada en el plano individual. Uno por uno, los madridistas mostraron más contundencia y eficacia que sus adversarios, con la excepción del Miguel, muy enchufado toda la noche y totalmente implicado con el club, del que es su jugador máximo accionista. Unos predican, y sus palmeros les cuelgan la fama;  otros cardan la lana, sin necesidad de dar tres cuartos al pregonero. No tendrá queja Llorente de la complicidad del portugués.
El partido aportó los ingredientes exigibles a estos choques. Hubo intensidad y la grada vibró a ratos con su equipo, se mosqueó con el Real, que sigue haciendo amigos en la España periférica, y la emprendió al final con el árbitro —como no podía ser menos estando por medio el Madrid— por un borroso penalti más discutido que discutible.
Los profesionales del vaticinio, que pasan horas especulando con la alineación, volvieron a equivocarse. Mourinho sorprendió con un trío de medios de pie grueso, prueba del respeto que le infundía el Valencia. Emery se sacó de la manga a Parejo, que no fue ningún conejo mágico. También recuperó la ya clásica fórmula del doble estilete por banda izquierda. Situó otra vez  a Mathieu, teórico lateral, por delante de Jordi Alba, extremo en su anterior reencarnación. Una prueba más de que no se fía un pelo del francés, cuyos conceptos defensivos continúan siendo bastante rudimentarios.