El Bernabeu, una fábrica de insomnios
Escrito por Administrator Viernes 12 de Marzo de 2010 05:08
Mi sonrojo lo provocan las reacciones del entorno mediático madridista, ante el nuevo fracaso de la Galaxia. Son absolutamente desmedidas, acaloradas, pretendiendo hacer extensivo su dolor al resto del país y tachando de antipatriotas a quienes no compartimos su congoja. La rivalidad es la salsa del fútbol y uno de sus ingredientes más sabrosos son los descalabros del adversario. Quien hipócritamente afirme lo contrario, cae en el mismo cinismo con el que se comportan los que tratan de desviar la atención de los auténticos culpables de la debacle madridista, con el objetivo de protegerles de las comprensibles iras de la grada.
Así, cargan sobre Manuel Pellegrini toda la responsabilidad y absuelven al presidente y a las figuras que él fichó. El autor intelectual de este Madrid es Florentino y su ejecutor, Jorge Valdano. La imagen de marca del proyecto es Cristiano Ronaldo, un jugador espectacular pero que todavía no ha dado la talla en ninguna de las grandes citas a las que ha acudido. En cambio, el dedo acusador señala a Higuaín, un futbolista sin el destello periodístico que irradia el portugués y, por tanto, más frágil para poder convertirlo en reo propiciatorio.
En contraste con ese modelo, está el del Barça, basado en todo lo contrario: la cantera, como soporte de un estilo de juego colectivo, muy por encima del cultivo del ego de las individualidades, del que tan precisada está la mercadotecnia florentinista. Dos de los clubs referenciales del fútbol mundial, se mueven en trayectorias opuestas y los prototipos de dirección que ambos representan, también se consolidan o se debilitan. Cotiza al alza el molde de La Masía; a la baja el patrón oro de Valdebebas. En los momentos de aparente zozobra, Pep Guardiola permanece fiel a su ideario y el Barça apuesta por el juego combinativo para superar el trance. En cambio, la víspera del partido ante el Olympique, Pellegrini tuvo que saltar a la palestra para enfriar el ambiente y poner racionalidad en un entorno superestresado. Sólo había que remontar un 1-0, matizó. Pero el dineral que este Madrid se ha gastado en fichajes parece que sólo sirve para acabar recurriendo a Raúl y apelando a la heróica. Y, ni siquiera en ese su habitat natural en el que parecía hallarse el miércoles por la noche, fue capaz de superar a un equipo de segundo rango europeo, que le dio una lección a la hora de maniobrar con valentía y controlar con maestría el partido. Hace pocos días, la Selección española, con una propuesta futbolística diametralmente opuesta a la épica, fue aclamada en Paris. La venganza gala no ha tardado en llegar, servida en un plato de fútbol semejante al que practica España. Y para más inri, sin posibilidad de escudarse en el «villarato», ni de recurrir al «platinato» para justificar un batacazo tan morrocotudo y reiterado.
Florentino había prometido este verano levantar en el Bernabeu un escenario de sueños e ilusiones. Al paso que lleva, lo va a transformar en una fábrica de insomnios.
Escribo antes de que se juegue el Valencia-Werder Bremen, pero, ocurra lo que ocurra en Mestalla, por muy gorda que se arme, no tendrá ni punto de comparación con la que se ha montado como consecuencia del descalabro del Madrid en esta Champions que iba a ser su décima. Ya puede haber crisis en Mestalla, que yo, me quedo con la del Bernabeu. Es mucho más enjundiosa, aunque puedan establecerse ciertos paralelismos entro lo ocurrido allá y lo que algunos tratan de desencadenar aquí. Haríamos bien en aprender la lección para no incurrir en los mismos errores de convertir al entrenador en una piltrafa, o encumbrar a las figuras por encima del colectivo. Aún estamos a tiempo.
VCF: plano y sin plan B
Escrito por J. V. Aleixandre Miércoles 10 de Marzo de 2010 03:18
Cuando el Valencia pierde la chispa de esta manera, paulatina pero inexorablemente, como le sucedió frente al Racing Club, el entrenador debería tener preparado un plan B que sirviera de reactivo. Una vez más, los cambios fueron reiterativos y no rompieron, ni siquiera alteraron, el juego absolutamente previsible para el rival, que nunca se sintió incómodo en el partido. Hacía —hace— falta un revulsivo, un aguijonazo que espabile a un once acomodado. Ya, contra el Werder Bremen mañana. Antes de que sea demasiado tarde y lo levantado hasta ahora, se desmorone.