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París mira al cielo y al pasado |
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Escrito por Luis Miguel Pascual/EFE
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martes, 27 de mayo de 2008 |
Mientras la lluvia sigue atascando el avance de
Roland Garros, el segundo Grand Slam de la temporada mira al cielo con
la esperanza de que escampe y, para hacer tiempo, se entretiene en
recordar a sus viejas glorias, desde René Lacoste "el visionario", a
Yannick Noah, el último mosquetero francés.
El museo de
Roland Garros inauguró una exposición sobre Lacoste, "el cocodrilo",
plagada de objetos personales, de fotografías y de recuerdos de la
carrera de uno de los más laureados tenistas franceses de todos los
tiempos.
"Los mosqueteros están aquí en su casa", afirmó el
presidente de la Federación Francesa de Tenis (FFT), Christian Bimes,
durante la apertura de la muestra junto con Michel Lacoste, hijo del
tenista.
El recorrido por la vida de Lacoste comienza con
los álbumes fotográficos que el campeón recolectó para sus nietos en
1996 y que son una buena antología de si mismo.
En un
intento de no dejar sin mostrar ni un resquicio de su vida, el
Mosquetero de los años 20 también enseña la casa de San Juan de Luz, en
el País Vasco francés, en la que formó su amplia familia.
El campeón de Roland Garros de 1925, 1927 y 1929 fue también un ilustre
inventor que desarrolló su talento en la ingeniería aeronáutica y de su
trabajo salió un imperio empresarial que todavía hoy sigue siendo
importante.
No escampa en París cuando Yannick Noah
inaugura una de las avenidas del club de tenis que portará su nombre,
justo cuando se cumplen 25 años de que levantara la copa de los
mosqueteros, la última de un francés.
Otra leyenda del
tenis francés sale a relucir en un día nublado y triste y, sin perder
la sonrisa que le ha hecho mítico, el ahora rockero lamenta que ningún
compatriota haya tomado el testigo de sus gestas.
"Por un
lado estoy contento por tener mi propia calle, pero por otro estoy
triste del tiempo que ha pasado desde aquella victoria.
Me sorprende mucho", asegura el tenista de 48 años.
Lo malo para Noah es que en el horizonte no aparece ningún tenista de
la patria bajo la bandera azul, roja y blanca con opciones de pelear ni
por meterse en la final de Roland Garros.
Las retiradas
antes de empezar de Jo-Wilfried Tsonga, finalista del pasado Abierto de
Australia, y de Richard Gasquet, el número uno de los franceses, son
malos augurios para Francia, que tiene que conformarse como mejor
opción con Paul-Henri Mathieu, 19 del mundo, que nunca ha superado los
octavos de final.
"No soy yo quien tiene que buscar un
sucesor", clamó el veterano tenista, harto de que la mirada ansiosa de
los franceses busque en sus hombros el peso de la historia.
A Noah eso parece importarle menos que poner toda su fama al servicio
de la fundación que ha creado y cuyo símbolo aparece en cada acto en el
que aparece.
Sigue la lluvia en París y los partidos, apenas comenzados, vuelven a ser suspendidos.
Roland Garros mira al pasado glorioso, demasiado lejano para los
franceses y al cielo. Bimes parece un tanto despistado, cabreado,
desubicado. Repite que para 2012 estará lista la pista cubierta que
proyectan, pero eso es demasiado tarde. Roland Garros mira al cielo, al
pasado y al futuro.
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