| La Gripe A frena el beso a la Mare de Déu del Lledó |
| viernes, 25 de septiembre de 2009 | |
|
![]() La tradición de pasar por el manto de la Mare de Déu del Lledó a los niños y niñas de Castelló es antigua y es una devoción que no se ha perdido y se ha visto incrementada a lo largo del tiempo. En las celebraciones ordinarias (La Candelaria, Fiesta de la Virgen, primeras comuniones o el tercer domingo de octubre), la imagen de la Patrona se baja de su urna al altar del camarín donde se deposita encima del ara. Los pequeños llevados o acompañados por sus padres o familiares, son recibidos por el prior de la Basílica, quien les cubre con el manto de la Patrona o besan el relicario que se encuentra dentro del viril de la escultura en el centro de su pecho. Los devotos suben por la escalinata de la derecha que hay junto al altar mayor del templo y bajan por la de la izquierda, donde se les toma el nombre para expedirles un diploma que hace referencia al cumplimiento de esta tradición piadosa de devoción castellonera. En esta ocasión, porque ha sido una convocatoria fuera de las tradicionales fechas establecidas, no ha sido excesivamente abundante la presencia del público que tal vez se ha visto condicionado por la alarma que ha cundido con la pandemia de la Gripe A, que ha alertado a algunos templos respecto a la veneración de imágenes religiosas, aunque no sea el caso de la de la patrona de la ciudad de Castelló. El prior advirtió a los feligreses de la situación y dio libertad para actuar según el particular criterio de cada uno. De hecho hay que hacer constar que, recientemente, una romería de devotos de la Virgen de Guadalupe, procedentes de las localidades andaluzas de Jaén y Úbeda, que visitaron la basílica castellonense, se quedaron extrañados de no tener impedimento para besar el relicario de la Lledonera, cuando en su tierra se han puesto numerosas trabas para hacer lo propio con su Patrona. El Prior de la Basílica, Vicent Agut, ofició la misa ayer a las seis de la tarde y, tras la ceremonia de la pasada de los niños por el manto, las camareras de la Virgen cambiaron su indumentaria y aún se atrevieron a dar el beso tradicional a la diminuta reliquia, que está en el pecho de la imagen protegida por un cristal. |
