El modisto John Galliano sorprendió hoy a sus
invitados del Prêt-à-Porter Christian Dior para la próxima temporada
estival con una colección por supuesto excelente, absolutamente
femenina y ... muy comercial.
Por una vez, Galliano colocó sobre la pasarela todo lo que se debe poder encontrar en las tiendas Dior del mundo.
Cada uno de los modelos y accesorios presentados, incluidas las
horquillas de brillantes y los grandes broches-pasadores de plata y
pedrería que brillaban sobre las cabelleras levemente retiradas del
rostro, era "ponible" y deseable en alto grado.
Terminados
los maquillajes más o menos misóginos, que más que realzar afeaban a
conciencia el rostro de sus maniquíes de pasarelas pasadas.
Fuera los voluminosos y estrambóticos peinados y las prendas no menos
imposibles de llevar que Galliano acostumbraba a crear para sus
impresionantes espectáculos de pasarela, inspirado en lejanos parajes
del mundo y épocas olvidadas.
Todo parecía hoy haber sido
pensado para ser portado por las clientas Dior e, inevitablemente, para
inspirar a quienes no lo son.
Éstas han de saber que los
locos años 20 (del siglo XX) fueron la fuente principal de lo que será
la primavera verano 2008 de Dior, junto con las imágenes del fotógrafo
Helmut Newton, trasladadas al siglo XXI, claro, en busca de una silueta
de tintes muy femeninos, no exenta de elementos masculinos.
De hecho, el traje sastre, con o sin chaleco, con o sin americana,
marrón de preferencia, pero también negro, o blanco, de noche con las
rayas bordadas de perlas, fue una de las constantes del desfile.
Se combinará con amplia blusa blanca de mangas generosas, pero sin
exageración alguna, bajo el chaleco -a veces esmoquin, muy abierto en
la espalda- o sin él.
El chaleco directamente sobre la piel
o la camisa combinada directamente con el pantalón -de pinzas, recto,
con lorza final y talle alto- fueron dos de las posibles variantes de
esta colección donde reinó también la gabardina, siempre hasta las
rodillas.
Podrá ser de cuero blanco, estampada con motivos
animales o negra de satén, bordada entonces a la altura de las
rodillas, para acompañar deportivamente y con elegancia absoluta un
vestido largo negro de gala.
Estampados cebra y pantera en
vestidos, bolsos, pantalones o capas coronadas con un amplio cuello de
pieles; boinas negras bordadas con tachuelas plateadas; vestidos de
talle alto terminados en un leve volante, o rectos con tirantes y
efectos drapeados, o con el talle subrayado desde un plisado estrella
situado en el centro de la cintura iluminarán el verano 2008 Dior.
Más allá del imprescindible negro para ocasiones muy especiales, la
paleta se llenó de blancos, gris plata, beige, rosas, verdes y violetas
muy suaves, en conjuntos de un solo color, y, con toda evidencia, para
ocasiones no menos especiales.
En contraste con esta
dulzura voluntaria, ilustrada con bordados plateados en algunos
momentos, el rojo y el coral dieron a Galliano el tono de algunos
vestidos de coctel y de noche, en satén o terciopelo de flores 'devoré'
Tras haber celebrado en 2007 diez años de éxitos ininterrumpidos al
frente de la dirección artística de la firma francesa, con todo tipo de
locuras y osadías, diríase que Galliano parece terminar de cumplir
ahora la promesa de dar una forma clásica y tradicional a su pasarela y
a su rebosante imaginación.
Promesa quizá hecha a sí mismo,
quizás a Bernard Arnault, propietario del grupo LVMH, número uno
mundial del lujo, y de Dior, entre muchas otras firmas internacionales
de Alta Costura y Prêt-à-Porter.
Sin concierto de Gospel ni
espectáculo de circo chino ni tambores indonesios, la pura creación
Galliano-Dior subió y brilló hoy en solitario sobre el podium, para
llevarse las mismas ovaciones de placer y de entusiasmo que de
costumbre.
Las diferencias habían sido, sin embargo,
notables, respecto a otros años, aunque, cierto, como recordaron
fuentes de la firma, la "evolución" culminada hoy comenzó ya en
pasarelas anteriores.
Galliano optó, igualmente, por
transformar su tradicional cierre del desfile, que hasta ahora concluía
él mismo con evidente placer, disfrazado en armonía con la colección
que acababa de presentar, para mayor entusiasmo de la asistencia.
En esta ocasión, tomó el chaqué blanco del último modelo presentado y
su sombrero de copa, los tiño de negro y se mostró con ellos solo unos
breves instantes, fumando misteriosamente, a lo Marlene Dietrich.
A falta de pantalones 'ad hoc', bajo su elegante chaqué lucía calzones blancos y sujetacalcetines a la vista.
La fugaz visión hizo aumentar si cabe el ardor de otros tiempos y
multiplicó el entusiasmo y los aplausos de la asistencia, entre la que
se encontraba el cantante Sting.
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